DESENTRAÑAR LA REALIDAD

DANIEL SADA

 

 

Nadie puede tener la certeza de que la realidad percibida es la más evidente. Basta captar un aspecto indefinido de lo que se ve, para caer en cuenta de que nuestra percepción es en verdad una interpretación de algo que no es posible demostrar del todo. Frente a cualquiera de los cuadros de Arturo Rivera surge un dilema al parecer irresoluble: el síntoma de que se trata de un artista circunscrito al realismo, ya como estilo o paradigma, o si su idea del realismo es una aproximación cuyo objetivo siempre es difícil de vislumbrar. En mi opinión no es ni lo uno ni lo otro, más bien considero que Rivera nos propone una tercera vía: la impostura de la realidad imaginada, o una suerte de semejanza con lo tangible, pero también lo que pudiera penetrar esa semejanza. En cada uno de sus cuadros es posible denotar que su aspiración primordial radica en plasmar el dolor, la angustia, el desconcierto, acaso lo macabro y lo sagrado que la realidad nos ofrece. Desentrañar es exhibir las entrañas pero también descifrar: el estigma de su arte figurativo nos revela que hay una suerte de arrebato lúdico, un deseo de traspasar el realismo fotográfico al igual que ir más allá del mero principio de representación, como si el pintor tuviese como objetivo crear un mundo en el cual quisiera vivir, o crear figuras a las que le gustaría contemplar atisbando particularidades no tan fáciles de captar a golpe de vista. Una realidad a la que se puede percibir desde muy diversos puntos de vista y muy diversos estados de ánimo.